Quiero ser luchador.

Posted: March 6, 2011 in Uncategorized

A continuación mostramos este artículo publicado por el periódico digital El Mundo. De esta manera vemos cómo es que la lucha libre mexicana tiene mucho auge en el exterior.

El ejercicio parece sencillo: lance entre las cuerdas, voltereta y un aterrizaje boca abajo contra la lona del ring, algo que en la lucha libre se conoce como plancha. Nueve alumnos lo repiten una y otra vez sobre el ring de la Arena México. Uno de ellos, sin embargo, plancha con el pecho sin amortiguarse con los brazos y el ruido de las tablas es más escandaloso de lo habitual. Para colmo, cuando está en el suelo, olvida lo de los codos, algo que puede serle útil en un combate profesional. El muchacho es un novato.

Arkángel, que sigue el entrenamiento desde fuera del ring, corrige: “Hay que esconder los codos para que el otro no se lo pise, que se los puede romper”. El luchador enmascarado, 25 años de profesional, con 28 giras a Japón y alguna a España en sus espaldas, es el instructor en esta práctica vespertina, una sesión para jóvenes que quieren ser luchadores. Hay 35 inscritos, pero este jueves de febrero han llegado pocos.

“Desde que estoy en este ambiente siempre me han dicho de que esto es un show y que es pura farsa. Quizá en algún momento, cuando empezaba a entrenar lo pensé también pero ya, al estar aquí, se desmiente todo eso. Quien habla es porque nunca se ha subido a un ring”, dice seguro Arkángel, que continuamente interrumpe la entrevista para dar indicaciones: “maroma, plancha, salto”.

Las palabras de Arkángel tienen sentido si alguna vez se ha estado en la Arena México, en el centro de la Ciudad de México. ‘la Catedral de la lucha libre’ es un coso con capacidad para 17.000 personas que cada martes y viernes reúne a cientos de fanáticos.

Es un espectáculo de patadas, saltos desde la tercera cuerda y llaves, una empresa (el Consejo Mundial de Lucha Libre, CMLL) que cuenta con cerca de 150 luchadores profesionales: mujeres, hombres, japoneses, canadienses, rudos, técnicos, luchadores mini, enanos y exóticos.

Entre los exóticos está Máximo, un luchador que aparenta ser gay y que ‘castiga’ a sus rivales con besos en lugar de golpes. Máximo, hijo y nieto de luchadores, defiende su profesión. “La lucha libre no es solo un hobby, sino que hay que meterse de lleno. Nunca se deja de aprender, hace falta ganas y motivación”, dice a ELMUNDO.es después de un combate junto a su padre, Súper Porky, un veterano luchador de 135 kilos.

Atlantis, otro luchador franquicia de esta arena, con una trayectoria de 27 años y que es recibido con ‘We will rock you’ de Queen cada vez que entra al ruedo, pone en situación a cualquier despistado: “El fútbol y la lucha libre están en los primeros lugares en México, la gente le encanta”.

Verdaderos ídolos
Razón no le falta. En este país, luchadores como ‘El Santo’ o ‘Blue Demon’ se han convertido en parte de la cultura popular, sus camisas se venden en cualquier parte, sus hijos aún luchan y sus películas son objeto de culto. Los nuevos luchadores siguen la estela, como Místico, ahora llamado Sin Cara después de abandonar a la CMLL para luchar en Estados Unidos, habitual en anuncios de televisión, actor de telenovelas y protagonista romántico de vídeos musicales.

Por eso no falta quien quiera apuntarse a las luchas. Lo primero, dice Arkángel, es aprender lucha olímpica. Lo siguiente es fortalecer el cuello y aprender a caer para no lesionarse. “Y si te lesionas, aprendes a que la próxima no te tienes que lesionar”, dice el instructor.

Diana es la única mujer en el grupo de Arkángel. Entrena junto a sus compañeros saltos con palancas desde la segunda cuerda. “Es complicado entrar porque es un deporte muy rudo, muy fuerte. Es difícil, mucha resistencia pero si te gusta aquí hay que seguir”, cuenta Diana, una muchacha de 20 años que pronto entrará a estudiar Gastronomía. “Mi familia me dijo que cómo era posible que estuviera en esto, se les hizo extraño porque antes entrenaba karate. Después me dijeron que le echara ganas”, dice Diana, que entrena desde hace un año y 8 meses.

Uno de los alumnos más avanzado es Héctor, otro veinteañero que ya ha combatido con máscara más de alguna vez, aunque de forma ‘amateur’. Habla sin máscara pero sin relevar cuál es su personaje. Héctor entrena desde hace cinco años y es el que brinda los saltos y volteretas más espectaculares de esta tarde. Está decidido a ser un luchador técnico: “Me gustan los lances de los técnicos y las llaves a ras de lona”.

Rudos, al menos en este grupo, no hay. Y eso que la preparación que da el Arkángel incluye ambas escuelas: lo espectacular de los técnicos y las marrullerías de los rudos.

“El profesor nos prepara para cualquier bando pero me defiendo más por lo técnico. Me gusta más el aplauso que la mentada (insultos)”, dice Luis, otro alumno de 22 años que aspira algún debutar en la Arena México. “Son las grandes ligas y me imagino que todos los que estamos aquí pensamos en debutar en cualquier momento”.

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